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La humanidad está
transitando un cambio de era.
Los sistemas económicos, sociales, familiares, educativos etc.
están atravesando una gran crisis que trae aparejada un gran
cambio para nuestro planeta.
En estos tiempos están llegando niños con características
vibracionales diferentes a los que se los ha denominado niños
índigo por el color de su aura.
Estos niños son el detonante de un cambio de paradigma que
implica un paso evolutivo para la humanidad.
Como adultos tenemos la tarea de facilitarles el cumplimiento de
su misión que a su vez nos permitirá elevarnos junto con
ellos.
Como estos niños traen una vibración diferente
necesitamos reconocer sus características y necesidades para
poder acompañarlos en este proceso.
Pero como su misión aún
permanece velada para la mayoría de la humanidad muchas veces
son rechazados por las instituciones escolares e incomprendidos
dentro de sus propias familias, ya que parte de su tarea es
llamar nuestra atención sobre todo aquello que debe modificarse
para abrir un espacio a esta nueva energía que está
descendiendo sobre nuestro planeta.
Utilizando las herramientas adecuadas para estabilizar su energía
podremos ayudarlos a superar su hiperactividad, o su falta de
atención derivada de su inestabilidad emocional y energética
así como otro tipo de desequilibrios derivados de nuestra falta
de comprensión y acompañamiento de su proceso evolutivo.

A
continuacion algunos extractos
de nuestro
Libro:
NIÑOS ÍNDIGO
Nuevos seres
para una nueva Tierra

SANDRA AISENBERG
EDUARDO MELAMUD
CAPITULO 1
PARTIENDO DE LA EXPERIENCIA PERSONAL
Hay una imagen que me acompaña desde mi infancia. Una
nena de unos ocho o nueve años mirando por la ventana de su
habitación, observando desde la altura la calle, los autos, el
movimiento, y pensando: "¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿Para
qué estamos aquí? Si yo muriera en este instante todo seguiría
igual, entonces ¿para qué vivo?".
Angustia y desconcierto. ¿A quién acudir en busca de
una respuesta? Estas y otras preguntas existenciales me
acompañaron por mucho tiempo: "Papa, ¿por qué el mundo es así?
No me gusta, ¿no hay otro lugar adonde ir a vivir? No quiero
estar acá, es muy pesado tener un cuerpo, quiero ser libre..."
Para escapar de estas sensaciones, leía constantemente
todo lo que caía en mis manos. Era una forma de no estar, de no
sentir... No entendía cómo los adultos no se daban cuenta de las
cosas más simples. Entonces, yo tampoco quería ver, ¿para qué me
servía?
En la escuela me relacionaba poco. No tenía los mismos
intereses que los chicos de mi edad. Leía y leía y vivía en un
mundo de fantasía, que era mucho más acogedor que el mundo real.
Luego la vida me fue llevando por distintos caminos, hasta
descubrir el porqué de tantas preguntas. Y hoy son los chicos
los que le traen a esa niñita las respuestas.
Sandra
Aisenberg
Cada encuentro con un Niño Índigo ha funcionado como
un disparador de mi propia infancia. Yo tenia una forma de
aprender diferente, lo que me causaba innumerables problemas en
los establecimientos escolares. Pero lo que más recuerdo es un
profundo sentimiento de incomprensión. Por ejemplo: mi lógica
matemática era distinta a la que me planteaban los docentes, y
cuando llegaba al resultado de un problema por vías diferentes a
las convencionales era muy común que me acusaran de haberme
copiado. Entonces, además de sentirme solo, me sentía resignado.
A los cuatro años me medicaron por un breve lapso con
ritalina, una droga que, si se usa durante un tiempo prolongado,
ocasiona daños irreversibles. Actualmente se la suministran a
millones de niños en todo el mundo...
En mi adolescencia encontré en el arte, la música, los
deportes y los caminos espirituales una forma de canalizar mis
sentimientos. Esto me permitió encontrarme con seres afines e
integrarme.
Hoy, de la mano de los Niños Índigo, me llega una
nueva oportunidad para redescubrir quien soy y por qué estoy
aquí, permitiéndome establecer un puente para que su mensaje
pueda ser comprendido.
Eduardo
Melamud
LOS NIÑOS NOS BUSCAN
Los niños siempre estuvieron
a nuestro alrededor, y tanto para Eduardo como para mí el motivo
de tanta afinidad había sido un misterio. En mi caso, desde que
empecé a trabajar con la técnica de decodificación de la memoria
celular hace ya más de 10 años, siempre se acercaron niños a
consultarme de la mano de sus padres.
Esto me llamaba la atención porque nunca me había
propuesto trabajar con ellos en forma especifica. Con el tiempo,
se fue gestando un grupo de niños y adultos que se reunía con el
propósito de buscar nuevas formas de comunicación entre ambas
generaciones.
Estos encuentros fueron muy enriquecedores y se
convirtieron en el motor para buscar nuevas formas de educación
que consideraran a los niños como seres espirituales y no como
receptáculos a los que había que atiborrar de
información.
Así fue como conocí
la Pedagogía Waldorf creada por Rudolph Steiner, y comencé a estudiar en
el Seminario Antroposófico. Hasta ese momento, todo se sucedía
sin tener una motivación personal que me indicara que era la
tarea a la cual debí dedicarme. Los niños se presentaban con una
fuerza tal que era imposible no tenerlos en cuenta, pero después
de casi ocho años sentí que mi trabajo con ellos había
terminado.
Por ese entonces comenzamos a reunirnos con Eduardo
para hacer un trabajo personal e investigativo. Durante este
proceso - que duró casi un año – sentimos que estábamos haciendo
una gran preparación. Al principio, nos parecía que éste trabajo
tenía el objetivo de mejorarnos como personas, de aprender a
comunicarnos y penetrar más profundamente en el corazón de los
demás, de ser más abiertos y menos limitados. Pero en lo más
íntimo de nuestro ser sabíamos que algo se estaba gestando.
No sabíamos qué, pero intuíamos que algo estaba por
suceder. Súbitamente, los acontecimientos comenzaron a
precipitarse a una gran velocidad. En un solo día nos llegó
información sobre los Niños Índigo a través de tres medios
diferentes. Cuando empezamos a ver de qué se trataba, nos
sorprendió descubrir que estaba relacionado con el trabajo que
ya veníamos realizando.
Al comenzar a profundizar, Eduardo se dio cuenta de
que
él tenía las mismas características que estos niños, y que ésta había sido
la causa de su profunda conexión con ellos.
En ese momento comprendimos cuál era el objetivo de
nuestro trabajo: ser un puente entre el niño y el adulto,
comprenderlos en la diferencia y aceptar sus características sin
juicio, entendiendo su sentimiento de soledad.
A partir de entonces, comenzamos a trabajar con los
niños que se encontraban en nuestro entorno. Y el círculo
comenzó a cerrarse: ellos empezaron a manifestar cambios en su
conducta, comenzaron a estabilizarse, a comunicarse más
fluidamente y a manifestar sus dones en forma más evidente.
Esto atrajo la mirada de los padres y los maestros.
Así fue como, de su mano, llegamos a las escuelas y al trabajo
dentro de las familias. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de
que nuestra
misión era la misma que la de ellos.
NUESTRO TRABAJO
La técnica que utilizamos para trabajar nos permite
decodificar la memoria celular, accediendo a una comunicación
directa con el cuerpo-mente-espíritu de cada persona,
revelándonos sus necesidades, dones, cualidades y bloqueos,
junto a su singular forma de liberarlos y elevarlos.
A través de la integración de los hemisferios y de la
liberación de las situaciones que nos han generado estrés
emocional en el pasado, podemos unificar nuestros sentimientos,
pensamientos y acciones.
Esto nos permite elegir verdaderamente lo que queremos
manifestar en este planeta y en las relaciones de nuestra vida.
Las características de esta técnica nos dan la
posibilidad de trabajar tanto con niños como con adultos, y nos
permite ser
facilitadores
de la conexión de cada uno de ellos con su propia verdad
interior.
Los niños nos han propuesto diversos temas para
trabajar según sus necesidades, y nos han traído las respuestas
sobre cómo resolverlos. Nos han permitido conocer sus
características y cómo comprenderlas, y nos han planteado qué es
lo que necesitamos modificar como adultos para poder darles un
ambiente adecuado que permita el desarrollo de sus capacidades.
Esta forma de trabajo nos permite estar abiertos,
aprender a escucharlos y disponer de la oportunidad de aprender
juntos.
LA VISION DE UNA MENTE
ASOMBROSA
Además de la apoyatura científica que pone en sus
manos este texto a través de la opinión de prestigiosos
profesionales, consideramos oportuna la inclusión de los dibujos
proféticos de Benjamín Solari Parravicini (1898-1974) al final
de cada capitulo.
Benjamín Solari Parravicini es uno de los
clarividentes más respetados de todo el mundo, con
extraordinarios vaticinios cumplidos sobre los hechos históricos
más importantes del siglo.
Las psicografías que presentamos, realizadas hace
décadas, hacen alusión directa a la llegada de "Niños Nuevos"
como portadores de nuevos mensajes.
CAPÍTULO 2
LOS QUE ABRIERON EL
CAMINO
"Ser índigo no es un privilegio, es una
responsabilidad."
Nina
Llinares
LOS ADULTOS INDIGO
Los Adultos
Índigo han tenido la difícil tarea de preparar el camino
para la llegada masiva de los Niños Índigo en la actualidad.
Podemos decir
que la Vibración Índigo ha existido siempre en este planeta de
manera latente y que se ha ido despertando desde hace algunas
generaciones atrás.
En la sociedad
actual, podemos encontrar adultos con estas características en
todo tipo de ámbitos. Tal es así que muchos de ellos se
encuentran bloqueados y frustrados por no haber podido canalizar
sus cualidades.
Fueron los
primeros en chocar con la estructura social, y en la mayoría de
los casos han tenido que soportar una fuerte discriminación
debido a sus características diferentes. Son los que en este
momento están haciendo esfuerzos por salir de la confusión
generada por las antiguas pautas sociales y educativas.
En muchos
casos, han pasado por todo tipo de terapia y han tenido variados
diagnósticos inexactos. Hasta han llegado a ser conejillos de
Indias de medicamentos y terapias experimentales.
Por otro lado,
hay otro grupo que ha logrado desarrollarse, en mayor o en menor
medida. Los encontraremos en actividades relacionadas con lo
creativo y lo artístico, en trabajos solidarios y. en muchos
casos, participando de caminos espirituales.
Una de las
grandes ventajas que poseen es que pueden establecer un puente
entre el antiguo paradigma y el actual, ya que tienen la
experiencia de haber transitado las viejas estructuras.
Comprenden el tiempo presente por ser poseedores de la misma
vibración que la masa crítica actual.
En nuestro
trabajo con Adultos Índigo hemos encontrado ciertas temáticas
recurrentes relacionadas con la búsqueda de nuevos espacios
dentro del ámbito social y laboral, más acordes a sus
sentimientos genuinos.
Descubrimos que
comparten la fuerte certeza de que:
· Ha llegado el momento de manifestar sus talentos
y animarse a confiar en su percepción e intuición.
· Es tiempo de modificar la mirada que tienen de
sí mismos con el propósito de lograr la expansión energética
necesaria. Acompañando el cambio vibracional del planeta con
valentía, y honrando la incertidumbre.
* Elzear Kustner, psicólogo y terapeuta floral,
nos cuenta su experiencia en el trabajo con Adultos Índigo:
"Con los Adultos Índigo, la tarea no es menos
complicada que con los niños. Éstos pueden muchas veces no saber
expresar correctamente lo que les sucede, pero los adultos no
quieren contar lo que les pasa. Han vivido mucho tiempo buscando
sentido y propósito para sus vidas; con frecuencia no encuentran
su 'nicho social', un medio ambiente que los entienda y
contenga, disparando una gran variedad de mecanismos de defensa
tras los cuales ocultar su realidad.
Debajo de esa fachada podemos encontrar
características dispares y manifestaciones diferentes en lo
externo, teniendo internamente los mismos parámetros.
Por ejemplo con la inteligencia. Muchas veces, los
altos coeficientes intelectuales se esconden en personas que son
mediocres en sus estudios o en su vida personal. Son rebeldes e
inconformistas, pudiendo llegar a crear su propia escuela
filosófica o religiosa para que esté de acuerdo a sus metas e
idealismos".
En estos
tiempos, los Adultos Índigo tienen la necesidad de redefinir
quiénes son y qué quieren hacer. Buscan su verdadero oficio y se
preguntan qué es lo que más disfrutan realizar para descubrir su
verdadera vocación.
Hoy, se les
presenta una nueva posibilidad de cumplir su misión desde el
lugar que les ha tocado accionar dentro de la sociedad, ya sea
creando mejores pautas de comportamiento, generando conciencia
sobre ecología, alimentación y nuevos sistemas educativos,
cuidando de los niños, construyendo empresas que puedan combinar
exitosamente lo espiritual con lo familiar, y transformándose en
modelos de las nuevas generaciones.
LA VIBRACIÓN ÍNDIGO EN
LOS JÓVENES
Nuestra
experiencia con los Jóvenes Índigo es realmente alentadora.
Hemos observado que manifiestan en forma espontánea algunos
aspectos que los adultos tenemos que trabajar duramente.
*
Mariana
Gómez, una joven de 21 años, técnica en recreación, nos cuenta
que lo más maravilloso de su trabajo con los niños es dar las
pautas y luego entregarse a la experiencia de que las modifiquen
ellos con su mirada y sus ideas. Esta flexibilidad le
permite conectarse con los niños de una manera simple y profunda
a la vez.
* Por otro lado, Estela Anzoátegui, de 19 años,
participa de grupos comunitarios en donde se pone en práctica el
cooperativismo, y su mayor anhelo es servir a sus semejantes.
Nos llamó la atención que compartieran una visión
semejante sobre la sociedad, la familia, la educación, etc. a
pesar de pertenecer a estratos sociales opuestos. Indagando más,
descubrimos que la mayoría de los jóvenes que
tienen la posibilidad de canalizar sus dones se está volcando a
tareas comunitarias, en donde todos se reconocen como pares y no
existe la autoridad vertical, característica del viejo paradigma
social.
Ellos comparten
la idea de que el individualismo no es el camino a seguir en
estos tiempos y se vuelcan a lo solidario y a lo grupal en forma
natural, teniendo una visión innovadora de las cosas.
En una charla
que compartimos con ellas, nos contaron su punto de vista
respecto de la educación. Según Mariana, la escuela deja afuera
muchísimos aspectos. Fragmenta la vida en vez de unirla.
Se aleja de la experiencia del contacto directo con las
cosas. Le falta juego y alegría. Los contenidos se dan en forma
muy abstracta, descolgados de la realidad, y las cosas pueden
servir o no según como se muestren.
Estela agregó que, si bien ella quiere ser profesora
de historia, le cuesta encontrar incentivo para seguir
estudiando. También dijo que su entusiasmo por esta materia
proviene de un ejemplo que recibió de un profesor que tenía un
gran compromiso con lo que hacía. A diferencia de otros
profesores, él no actuaba como si fuera el único que tenía algo
para enseñar sino que tenía la apertura suficiente como para
aprender de los alumnos a través del intercambio.
Ambas
coincidían en que, para ellas, el título que podían obtener no
tenía ninguna importancia. Lo que valoraban era el aprendizaje
en sí. También plantearon que cuando un grupo de alumnos egresa
de la escuela reciben todos el mismo título, pero cada uno
seguramente aprendió algo diferente porque en realidad no hay
dos personas iguales.
Con respecto a
qué cambios propondrían, Mariana dijo que la escuela tiene mucho
que ver con la sociedad en que vivimos, y que tiene valores que
ella ya no comparte. "La escuela deja de lado el espíritu. Deja
de lado la conexión de todo con todo, con el planeta que pisamos
y con la relación entre nosotros."
Propone generar
un nuevo espacio educativo que dé la posibilidad a cada niño de
investigar según sus intereses, y le permita desarrollar los
dones y capacidades que trae...
Estela agregó
que ella quería aprender cosas para cambiar la situación de su
barrio, ya que la mayor parte de sus habitantes son desocupados.
Quería aprender cosas prácticas que los ayuden a mejorar su
calidad de vida.
Mariana dijo
que en la escuela se sentía sólo "una cabeza", ya que no había
lugar ni para el cuerpo ni para los sentimientos. Y Estela
agregó que cuando uno está fragmentado, aprende menos de lo que
realmente puede.
Ambas decían
que si bien el colegio sirve para socializarse, no lo fomenta,
ya que deja de lado lo humano y las relaciones con las personas.
No genera redes ni conciencia de grupo. "Le falta amor".
*
Conceptualmente, Nina Llinares, en su libro "Niños Índigo. Guía
para padres, terapeutas y educadores", nos dice lo siguiente:
"Todo Índigo es potencialmente un líder en el sentido
de tener cualidades personales de acusada capacidad
organizativa, seguridad en sí mismo, y magnetismo para aportar
recursos operativos ante cualquier situación que se presente, y
que, si no lo expresa en la practica, sentirá que en su interior
late una fuerza extraordinaria que no sabe cómo expresar y
exteriorizar satisfactoriamente para sí mismo.
Cuando a un Índigo se le impide, por la razón que sea,
que se dedique a lo que realmente le entusiasma, se marchita,
no se rebela como lo haría una persona común y necesita
desesperadamente volver a conectarse con su entusiasmo
bloqueado.
El Joven índigo se caracteriza por ser muy
responsable, siempre y cuando esté conectado a lo que realmente
quiere dedicarse en su vida y no a lo que la sociedad o la
familia le imponga. En estos casos, puede presentar
una aparente irresponsabilidad por estar disperso o enfocado
en la búsqueda de lo que le entusiasma.
Todo Índigo trae consigo una gran capacidad de
innovación para modificar o crear cosas. La originalidad
es una capacidad innata en todo Índigo, aunando lo
artístico con lo tecnológico, lo práctico con lo bello. Si se le
coarta o no se le respeta puede perder el interés temporalmente,
sintiendo en su interior que algo pasa con su auténtica
naturaleza y que no sabe qué es ni cómo expresarlo.
Nunca pierden su sentido de calma interna aunque
externamente pueda parecer todo lo contrario, ya que su
naturaleza no es estar preocupados; el Joven Índigo sabe de
forma natural y sabia que preocuparse no arregla ninguna
situación; puede no obstante perder la paciencia momentáneamente
y mostrarse acelerado en su actitud, pero internamente estará en
calma.
Estos jóvenes son muy independientes, ya que carecen
de apegos que los aten a conductas dependientes en ningún
sentido, y sólo en casos muy extremos harán uso de drogas o
adicciones patológicas por no encontrar salida a todo su
potencial. Su naturaleza es solidaria; aquí es cuando mejor se
expresa su naturaleza de vibración altamente espiritual, la cual
manifiestan de una manera completamente natural, ayudando en
toda situación que así lo requiera.
Los Jóvenes Índigo comprenden conceptos sobre temas
energéticos y espirituales (no intelectualmente ni desde la
razón) aunque nunca hayan oído hablar de ellos con anterioridad.
Es como si tuvieran activada
la Ley de
Afinidad y un sexto sentido para saber si les resuena o no la
cuestión.
La capacidad de respuesta en ellos es innata y
poderosa, y sólo se puede manifestar en estado de bloqueo si su
entusiasmo no está siendo expresado".
* Carmen Ormeño, actriz, autora teatral y titiritera,
se identifica como una Adulta Índigo que ha transitado muchos
caminos:
"La mayoría de las veces me he sentido rara. Los niños
y los animales me dan una soltura especial; siempre he tenido
esa sensación de que las personas no comprenden lo que me
sucede, aunque yo a veces las pueda ver y sepa hasta en qué
lugar les duele la espalda.
A menudo siento náuseas y dolores que son de otro. Me
cuesta mucho entrar a un hospital, o a un lugar donde la gente
se está peleando. Siento la agresión como puntaditas y luego un
dolor en el pecho y al fin lloro; he aprendido a rezar más
seguido y a poner las cosas en las manos de Dios, que de veras
se encarga en serio de todo esto.
Tal vez esto suene extraño. Hoy tengo una vida de la
que estoy muy agradecida, pero cuando era una adolescente, la
existencia me pesaba en extremo. Creo que siempre busqué un
lugar en el cual descansar, en la barba de Dios.
Lo digo así por un sueño que tuve de chica. En uno de
los momentos más difíciles de mi vida soñé que Dios me llevaba a
un sitio muy luminoso y allí me cuidaba. Desde siempre he
sentido su presencia, pero no sabía dónde volcar mi amor;
necesitaba un modo, un lugar, una referencia y al fin una
almohada que estuviera en
la Tierra y en
el Cielo para tocar su barba cuantas veces quisiera.
Cuando tenía 17 años pinte un cuadro en el que debajo
de una cabeza caían pedazos de cuerpos, como barrotes, y por
encima de la cabeza un arco iris. El tiempo y el espacio a los
costados, amigos de los cambios de este cuerpo, y la sensación
de que el cuerpo era la cárcel del alma.
Uno de mis psicólogos de la adolescencia decía que yo
tenía síntomas de psicosis, por mi manía de
interpretar la realidad como los sueños y dejarme llevar por la
intuición. Por ejemplo, percibir la muerte del papá de un amigo
mío un rato antes de que ocurriera.
Necesitaba comprender qué era lo que me pasaba y por
qué causa me veían como psicótica. Por ejemplo, si soñaba y
resolvía en sueños un examen, o si soñaba el diseño de
escenografías que vendía en una época. Incluso, los problemas
que tenía con latín en la escuela se arreglaron soñando y
hablando latín en sueños...
Pero al fin vino el camino del arte que ha sido y es
para mi una herramienta clave para subsistir. En éI encontré la
forma de trasladar esas imágenes a la realidad, y no sentirme
loca.
Cada uno deberá descubrir cuál es el modo que le
resulta más propicio para tocar
la Tierra. Yo
por cierto investigué la danza afro, la gimnasia griega,
Milderman, danza teatro, técnicas de la voz y el cuerpo de
Suzuki, liberación de la voz, manejo de energía y precisión con
marionetas, entrenamiento del Odin teatre, de Jill
Greengals para la presencia escénica, reiki, aikido, pa tuan
chin y un poco de flauta.
Pero debo confesar que después de todo esto he llegado
a la conclusión de que todo es para volver a jugar, nada más.
Para mí el arte es un camino, una búsqueda de la
totalidad, una excusa para conocerme y canalizar esa energía de
más que uno tiene y no sabe dónde colocarla.
En la actualidad, me dedico a inventar
formas de vivir (y no sobrevivir) lo más creativamente posible.
Construyo títeres. Soy docente de docentes, para que aflojen el
cuerpo y salga la voz y la risa para aprender mejor junto a los
niños. Soy actriz, directora de teatro y de títeres. Trabajo con
actores la presencia escénica y la organicidad, y busco todos
los días la pista de aterrizaje en la cual uno permite que el
mundo de los sueños pueble esta realidad".
* Mariana Gómez
nos da la visión de su infancia:
"En estos días me vienen imágenes de mi infancia que
ahora, al venir al presente, a mi ahora, tienen sentido,
continuidad, lo modifican, me hacen sentir luz y sombra.
Estoy sentada en mi cama (¿o tal vez
parada?). Lo que es seguro es que miro por la ventana (¿o
imagino?); contemplo las estrellas, tengo... 10, 12, 15,
21 años, las miro y las siento, y voy a una estrella y desde
allí veo
la Tierra, pura
agua, y siento toda su vida... Está viva... Vuelvo a mi cuarto,
a mi templo interno, y sigo mirándolas y ellas me llevan más y
más y más y más... siempre más allá.
De repente, mi mente trata de encontrar un límite y
pronto descubre que sigue, siempre sigue... El infinito asoma
por mi ventana; a veces siento miedo al sinfín... Luego, dejo de
sentirlo... Sí, soy pequeña dentro del infinito, de la
inmensidad, ¿pero saben qué? Soy ese infinito;
desde el infinito hasta mí y de mí hacia él no hay límites, no
hay cortes, es un continuo y continúa. ¡Claro! A pesar de estar
sola en mi cuarto, estoy, soy, siento que todo, todos están... Y
si esto es tan grande... entonces... por aquí... y por allí hay
vida... vida en otros planetas, galaxias...
¡Hola a todos! Canto al viento, ¿y si no hablan
castellano, y si no tienen palabras? Tal vez sólo sonidos, ah...
ya sé... me callo y les mando amor con mi corazón...
Eso es universal... y me llega la idea de que aquí y
ahora, en mi casa, en la calle, en mi camino está lleno de
humanos, de personas a las que puedo dar mi mensaje de amor y
salgo de mi pieza al encuentro del abrazo humano, planetario.
Voy abrazando la vida, jugándola, siento un tejido de hilos muy
finitos que nos unen a todos y a todo...
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